Activar toda la autoestima disponible
o amar lo esencial de uno mismo, es
el primer paso hacia cualquier tipo de crecimiento
psicológico y
mejoramiento personal. Y no me refiero al lado
oscuro de la autoestima, al
narcisismo y a la fascinación del ego, sintiéndose
único, especial y por
encima de los demás; no hablo de “enamoramiento”
ciego y desenfrenado por el “yo” (egolatría), sino de la capacidad genuina de
reconocer, sin vergüenza ni temor, las fortalezas y virtudes que poseemos,
integrarlas al
desarrollo de nuestra vida y volcarlas a los demás
de manera efectiva y compasiva. Quererse uno mismo, despreciando o ignorando a
los demás, es
presunción y exclusión; querer a los demás,
despreciándose uno mismo, es carencia de amor propio.
El amor empieza por casa. Tu primer amor es el que
se dirige a ti mismo y en ese primer idilio aprenderás a amar la existencia u
odiarla ¿Cómo
abrirle las puertas al amor de los que te rodean si
desprecias o no aceptas tu ser, o si te avergüenzas de existir? A sí como no atacas
ni te desentiendes de quienes
amas, no hagas lo mismo con tu persona. Ser amigo
de uno mismo es el primer paso hacia una buena autoestima. Amar es buscar el
bien del otro y disfrutarlo, que su dolor nos duela y su alegría nos alegre, y
con el amor
propio ocurre algo similar: si no te perdonas, si
te fastidia estar contigo
mismo, si no te soportas y te menosprecias, ¡pues
no te amas!
Walter Riso.

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