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viernes, 24 de noviembre de 2017

LA TRISTEZA



Es una emoción que generalmente surge ante las pérdidas que sufrimos en la vida, de ahí que sea tan intensa como profundo sea el vínculo con lo perdido. Es un dolor generalizado en el cuerpo, pero sobre todo en el alma. La tristeza no es negativa, no es anormal ni está mal sentirla.
A diferencia de las demás emociones, la tristeza está caracterizada por una falta de energía. En un primer momento es vivenciada como un dolor paralizante que no nos deja fuerza para actuar, sino tan sólo para llorar y así sacar el dolor. Nos deja el ánimo aplanado, casi sin expresiones ni deseos.
En general, cuando sentimos tristeza es porque hemos perdido algo (real o fantaseado). Ya no tenemos aquello que antes sí, y cuando verdaderamente no hay posibilidades de recuperarlo, no hay acción que valga. Es por ello que la tristeza no implica el aumento de energía que las demás emociones sí, sino que nos la quita dejándonos inactivos para ceder paso a la aceptación (elaboración interna) de la nueva situación. Soltar no demanda energía, sino más bien implica la ausencia de ésta. Al no tener esta fuerza, no queda más acción posible que la de soltar, contribuyendo a dejar de “forzar” la realidad. Aquello que antes sos-teníamos, ahora, gracias a la ausencia de energía propia de la tristeza, podemos soltarlo.
Esta emoción puede ser verdaderamente dolorosa según su intensidad. Es por ello que muchas veces tratamos de evitarla distrayéndonos con actividades, trabajo, amigos o bien intentamos taparla negándola y reprimiéndola, o buscamos ahogarla en alcohol u otras sustancias. No nos permitimos llorar y hasta hablamos como si nada pasara. Pero cuando la emoción no halla una vía de expresión adecuada, la busca por sí misma a través de síntomas físicos, como lo son el asma y las úlceras que junto a una serie de condicionamientos producen enfermedades. Lo cierto es que ninguna de estas actitudes evasivas ayudan, y por lo tanto son absolutamente desaconsejables. Hay que llorar por los ojos, no por el cuerpo y llora también a través de las palabras.
Es necesario y aconsejable permitirnos ese dolor, tomar contacto con él, poder vivenciarlo auténticamente, no mintiéndonos. Llorar y, sobre todo, hablar de lo que sentimos y de lo perdido es la manera de asimilar la pérdida y aprender de ella.
Pero por otro lado, es muy importante aclarar que para sentirnos tristes no necesariamente tenemos que vivir una pérdida. También podemos ponernos tristes por creencias irracionales que albergamos, como pueden ser expectativas demasiado altas, falta de esperanzas, perspectivas pesimistas, no tener un sentido o alguna pasión en la vida… Por esto es importantísimo entender que a veces el problema no es la realidad misma, sino la creencia de que las cosas deben ser distintas.
Por lo tanto, una cosa es la elaboración de una pérdida, es decir el duelo, y otra es qué estamos haciendo u omitiendo para sentirnos tristes. Vale en este punto establecer la diferencia entre dolor y sufrimiento. El dolor es una expresión natural propia del duelo y surge, como vimos, ante la pérdida de algo que teníamos. El dolor, por su misma naturaleza, tiende a desvanecerse y desaparecer. Sin embargo puede enquistarse, extenderse o perpetuarse, transformándose en sufrimiento. El sufrimiento, entonces, es una creación irracional del ser humano a partir de un auto diálogo tortuoso. Cuando la persona se dice a sí misma cosas como “todo esto es mi culpa”, “nunca voy a salir”, “siempre todo lo malo me pasa a mí”, “jamás voy a superarlo”, “si yo hubiera…”, etc., queda estancada. De este modo permanece el foco de atención en una fantasía o en un imposible, renovándose la tristeza una y otra vez.
Por otro lado existen también, para enredar un poco más las cosas, las depresiones endógenas. Éstas son causadas por desequilibrios neuroquímicos, y responden favorablemente a la medicación psiquiátrica. Por ello siempre es recomendable, en casos de tristeza profunda y prolongada, la consulta con un profesional de la salud.
Las depresiones en general, independientemente de su causa y clasificación, también tienen sus manifestaciones adversas en el físico, influyendo más en dificultar la recuperación de una enfermedad que en la causa de la misma.

Tomado de Educación Emocional.

Todos tenemos derecho a sentirnos tristes de vez en cuando, pero no debemos quedarnos allí. Hay que tomar acción para cambiar eso y disfrutar de la vida que pasa tan rápido.

¡Si lo piensa bien, somos bendecidos! 


Waleska López Durón
Gerente General
EMPODERA

comunica . capacita . delega . crece 

miércoles, 25 de octubre de 2017

LOS HIJOS Y LA DISCIPLINA



Seguramente usted ha visto con ojos de horror como están cambiando las cosas con los jóvenes de la actualidad. Imagino que también ha comparado los tiempos de antes con los de ahora y sus marcadas diferencias. También puedo apostar que culpa a la tecnología de los desórdenes que pueden surgir en medio de los jóvenes de hoy en día.
El asunto es más profundo, más serio. 
Antes, los niños no tenían tanto poder para opinar como hoy. Si un menor de edad se atrevía a pedir algo, era severamente reprendido por no tener derecho ni a voz ni a voto. Hoy los niños imponen criterios, debaten a sus padres y tienen más conocimientos que los mayores pues pasan bombardeados de información todo el día. Información de alta calidad.

En tiempos antiguos, muchas veces, los padres reprendían de la única manera que sabían hacerlo. A golpes o a gritos. Incluso padres con grandes currículums acudían a los golpes para disciplinar. Esto es porque así lo habían hecho sus padres con ellos. Pero esa historia no debe continuar, debemos cambiar de sistema.

Las formas disciplinarias deben empezar a temprana edad, desde pequeños los niños deben entender a quien le deben respeto y obediencia, pero esto no se logra con violencia, con golpes, con gritos, no. Por el contrario, cuando nuestro pequeño quiere tener actitudes desobedientes o rebeldes debemos acudir pronto a la disciplina como ser:
-          5 minutos en la esquina, contra la pared, el tiempo cambia de acuerdo a la edad del niño. Mayor es el niño, mayor es el tiempo fuera.
-          Pedir perdón a la persona ofendida, si este fuera el caso.
-          Quitarle por un tiempo su juguete favorito.

Los anteriores son sólo ejemplos de disciplina. En internet puede encontrar buenas páginas, certificadas, que amplían más sobre este tema.  Los padres deben comprender que cuando acuden a gritos o golpes están perdiendo la batalla, están demostrando falta de capacidad para dirigir a sus hijos.

Las conversaciones abiertas desde pequeños son necesarias. Si usted mismo pone ciertos temas como tabú en casa, sus hijos irán a preguntar  a la calle, a cualquiera,  para aprender, o lo buscarán en internet y ya sabemos que no siempre la respuesta que encontrarán es la adecuada, por lo que nuestros hijos deben sentir total confianza de preguntar todo lo que quieran saber de la vida y usted como adulto debe tener toda la responsabilidad de responder a cada pregunta con amor y ternura.
No permita que sus hijos encuentren un hogar en la casa de los amigos o en casa de desconocidos. Regresar a nuestra casa debe ser motivo de paz y alegría. Si dentro del hogar se vive en contienda y gritos ofensivos, quien quiere estar allí? A nadie le gusta eso.

Hoy más que nunca nuestros niños y jóvenes necesitan sentirse apoyados y comprendidos. Si usted como adulto tiene problemas con su carácter no culpe a la personalidad de su hijo, no hay nada de malo en él o ella, mejor busque ayuda profesional para el control de la ira y aprenda a manejar sus problemas sin contaminar a sus niños.

Instruirlos en valores es otro deber. Pero no podemos enseñar honradez si nosotros robamos. No podemos enseñar a amar la vida si nosotros matamos, no se puede tener doble moral. El niño aprende con el ejemplo, no hay otra forma.
Diga “te amo” con frecuencia, aunque a usted nadie se lo haya dicho antes. Acaricie a sus hijos con ese amor que usted jamás recibió. No es culpa de ellos nada de lo ocurrido antes. De amor y eso recibirá de sus hijos.

Les deseo hogares donde reine la paz, el amor y Dios sea el centro por siempre.

Saludos!

Waleska López D.
Gerente General
EMPODERA

comunica . capacita . delega . crece




viernes, 20 de octubre de 2017

SEAMOS ASERTIVOS.



La asertividad es la habilidad  para expresar nuestras ideas, deseos,  pensamientos de forma clara, honesta y adecuada. La asertividad es saber pedir y también saber negarse, negociar para poder conseguir lo que se quiere, por supuesto respetando los derechos del otro. Consiste en hacer y recibir cumplidos y en hacer y aceptar reclamos, en atreverse a mostrar lo que sentimos y atrevernos a decir NO! Cuando decimos SI a todo, resulta agotador, emocional y físicamente. A veces nos sentimos comprometidos y no somos capaces de negarnos a algo que realmente no queremos hacer.  Ser asertivos nos permite trabajar una autoestima adecuada, ya que valoramos lo que somos, y afrontamos con mayor facilidad los diálogos y las gestiones de los conflictos con los demás. 

Al intentar ser asertivos, debemos partir de los hechos, sin juzgar o hacer señalamientos intencionales, por el contrario, hacer planteamientos precisos de lo que está ocurriendo, no se trata de decir, “Eres un inútil jamás terminas tu trabajo a tiempo,” sino decir,  “Vengo observando que estas atrasado con el trabajo asignado”.  Es importante manifestar de manera clara como nos hace sentir aquello que ha ocurrido, recordemos que al otro, nuestro argumento le puede parecer injusto o sin sentido, tratemos de no imponer lo que pensamos. Expresar de manera concreta que es lo que queremos nos ayudara a que el mensaje que estamos transmitiendo sea más claro y comprensible, “Quiero que me respetes”, “Quiero el reporte por la mañana”. Son expresiones claras y precisas.  Plantear de manera positiva los beneficios de lo que se quiere lograr, todos ganan!

En el trabajo siempre habrá algún compañero que nos pedirá ayuda y está bien hacerlo, fomentamos la generosidad, pero cuando se torna en un estilo habitual entonces mucho cuidado, si decidimos terminar con esta situación tenemos varias alternativas:
1.    Conducta Pasiva: Estoy con mucho trabajo, pero no te preocupes puedo ayudarte.
2.    Conducta Agresiva: Eres un grosero y descortés, me tratas terrible! 
3.    Conducta Asertiva: Frecuentemente me pides ayuda porque no sabes hacerlo. Realmente estoy cansado, así que intenta hacerlo tú mismo, seguramente te costará menos la próxima vez. 

En la conducta asertiva, partimos de un hecho, expresamos nuestros sentimientos y mostramos las consecuencias pero de manera positiva.
En las organizaciones es fundamental mantener la comunicación asertiva, promueve un clima laboral estable, donde la información fluye de manera eficiente.
En Empodera le ayudamos a fomentar y promover la asertividad, nuestros talleres son dinámicos y vivenciales.

Les deseo muchos éxitos en sus relaciones personales y laborales, le invitamos a que sea más asertivo.


Nadia Zelaya
Sub - Gerente
EMPODERA
comunica . capacita . delega . crece

jueves, 7 de septiembre de 2017

HÁBITOS QUE MEJORAN SU AUTOESTIMA.



La autoestima es la valoración positiva y la percepción que los individuos tienen de sí mismos, el amor propio manifestado. Lo ideal es contar con una autoestima adecuada.
Cuando somos niños vemos a nuestros padres como los súper héroes de la película. La forma en la que se interactúa con un niño en el núcleo familiar marca sus pensamientos de por vida. Si decimos a nuestros niños que son personas brillantes, fabulosas, el niño tiende a creerlas y se refleja de una manera positiva y segura.
Cuando los niños son criados en hogares negativos y con abuso, donde la  familia no se comunica bien, se desarrolla una baja auto estima y conduce a problemas de salud mental, salud física y dificultades para relacionarse con los demás.
 Aquí algunos hábitos de personas con una autoestima adecuada:
·   Creen que son  dignos de felicidad y respeto.
·   Una persona con autoestima sana tiene confianza en sí misma.
·   Las personas con autoestima adecuada saben decir NO.
·   No hay envidia, tiene sus propias metas y objetivos en la vida.
·  No les importa lo que los demás piensen de él o ella, son libres de poder expresarse sin miedo a ser señalados o juzgados.
·  Toman decisiones con buen criterio, no necesitan consultar mucho qué hacer o cómo hacerlo.
·   Son personas positivas, ven las situaciones con buena actitud.

Una persona con autoestima sana se propone metas, sabe lo que quiere y es segura de sí misma, esa seguridad es percibida por los demás. Cuando observamos que alguien es bastante amable y agradable, es la sensación de confianza la que nos atrae. 

Aprendamos a aceptar los cumplidos, si alguien nos dice que somos personas creativas, encantadoras, por favor tomemos la posición de aceptar con gratitud ese cumplido, evitemos responder de manera negativa. ¡No, no lo soy! o ¡No, no es cierto!, al adoptar y aceptar sus características y talentos su mente se abrirá a una realidad diferente.

Los niveles de éxito, la salud y las  relaciones están basados en una autoestima alimentada con actitudes positivas y con una correcta gestión de las emociones.

¡Les motivo a que se concentren en lograr su propio éxito!

Nadia Zelaya
Sub - Gerente

EMPODERA
comunica . capacita . delega . crece